2009/08/26

Ensayo: Felicidad, fotos y recuerdos (*)

Soy muy bueno recordando hechos que me sucedieron hace muchos años atrás. Todas las mañanas, cuando aún no estoy completamente despierto, comienzo a rescatar recuerdos al azar desde mi memoria, por largos minutos, mientras no tenga nada importante que hacer. Rescato hechos puntuales de mi vida, y juego a visualizarlos una y otra vez, como en un reproductor DVD, rebobinando y volviendo a verlo. Sea un recuerdo placentero o desagradable, disfruto poder manipularlo a mi antojo, y observarlo con tanto realismo como cuando lo viví por primera vez.

Me gusta mucho la fotografía. Atesorar un instante, un trocito de mundo, en una imagen que no cambiará en el tiempo, lo encuentro impagable, dada la velocidad a la que se mueven tanto el mundo alrededor nuestro como nuestras propias vidas. Fotografiar escenas únicas, objetos o lugares que quizás no volveré a ver, me hacen sentir nuevamente como el amo del tiempo, quien puede detener la marcha de todo a su antojo, tal como con los recuerdos por las mañanas. Eso sí, por alguna razón no me gusta conservar fotos de gente en lugares como en mi pieza, o en mi billetera; siempre las conservo guardadas, y no a la vista, ni aunque sean mis mejores amigos o mis más queridos familiares.

Analizando esto que he relatado, se puede ver que tengo un gran apego al pasado, apego que en mayor o menor grado puede afectar mi capacidad de gozar mi vida mirando hacia el futuro. Digo esto porque existen muchas personas que llegan a encerrarse en el círculo vicioso de sus vivencias pasadas, dándole demasiada importancia a los recuerdos, y no logran (o no quieren) abrir sus mentes para poder cambiar ese comportamiento. Hasta hace un par de años atrás, yo era más o menos como este tipo de gente, pero entonces me di cuenta de una gran verdad, verdad que para muchos puede parecer trivial, pero aún hay otros muchos que no lo aplican a sus vidas: las cosas buenas son buenas porque duran poco.

Claro que sí. Las cosas buenas generalmente pasan por poco tiempo frente a nuestros ojos; y, en lugar de lamentarnos porque uno de estos hechos haya acabado, debemos sonreír, convertir esa bonita experiencia en un lindo recuerdo y seguir viviendo atento a los pequeños detalles de la vida que nos pueden alegrar hasta los días más duros. Por eso también tenemos esa bendita capacidad de olvidar. Para poder tener la mente siempre dispuesta a atesorar nuevas experiencias, mirando siempre con optimismo el día a día, dejando en un segundo plano a los recuerdos y en un tercero los malos momentos.

Ciertamente, el recordar cosas o personas nos sirve como complemento en nuestras vidas, desde hacernos esbozar una sonrisa hasta emocionarnos hasta las lágrimas, pero debemos tener bien en consideración que lo más fascinante de la vida no es lo que se ha vivido, sino es lo que aún está por vivirse; los recuerdos y las fotos, resérvenlos para sus nietos.

Terminaré este ensayo aquí. Ahora, si me disculpan, debo ir a retirar mi cámara fotográfica del servicio técnico...

...¡es que me fascina fotografiar paisajes!


Valparaíso de noche
(cc) Rolando Jelves Aguayo, 2009

(*) Nota: Ensayo preparado para ser presentado, en inglés, como requisito de admisión en la
Universidad Cristiana de Texas, Estados Unidos.

2009/06/09

Buscando a la soledad

No nos engañemos. Nos hace falta buscar a personas que nos rodeen, cual espejos que cubren todos nuestros ángulos; sin embargo, a menudo (y bastante), llega el momento en que huímos de todo(s), dejamos proyectos y pasatiempos, (menos médula y más corteza), y nos refugiamos en la ambigua compañía de la soledad.
¿Razones? Temor, o el gusto por la inercia.
El temor, pues "me sentía tan raro siendo así (el yo cambiado por la influencia de un determinado círculo de gente), que, entre queriendo y no queriendo, me aparté (...) y aquí estoy".
El "gusto por la inercia", pues "aburre ser siempre el piloto de esta nave, y de repente necesito soltar los mandos y simplemente reclinarme hacia atrás un buen rato"
¿Pero por qué huir con la soledad?
¿Será que estamos tan acostumbrados a ella, ya que ella siempre ha estado ahí desde que nacimos?
¿Qué encontramos una vez que estamos otra vez con ella? Adivinen, a una persona no muy conocida por uno: uno mismo. Podemos sacar en limpio nuevas cosas acerca de nosotros, si es que tenemos ese lapso de ojos cerrados para observarnos y decidirnos a salir nuevamente al mundo, pues la inercia no es muy buena... [lapsus]

¿O soy sólo yo el inconstante?

2009/02/06

Lo bueno es bueno porque dura poco

La vida abunda de situaciones negativas... La búsqueda de la felicidad contiene el buscar los momentos buenos y disfrutarlos al máximo. Pero cuando estos llegan, uno quisiera que nunca se acabaran...
La vida y la existencia humana en general y todo lo que comprende, se caracteriza por ser pasajera, los humanos no somos eternos, tenemos principio y fin; dicen que no hay mal que dure 100 años, esto refleja lo que quiero decir, pero relativo a todo lo humano también.
Uno generalmente se siente muy triste cuando sabe que algo bueno terminará, por ejemplo, una despedida de alguien querido; pero uno debe pensar en la dinámica de la vida y reflexionar que la vida no es monótona, tiene muchos momentos gratos e ingratos, y tal dinámica hace la vida más interesante, y si uno aprende a apreciar eso, uno no sentirá más tristeza en esos momentos. La vida es buena porque los momentos duran poco.

2008/11/26

Me desconozco

Creo haber perdido la facultad de poder conversar con mi otro yo.
¿Será que ya no soy más un niño?

Paradojalmente, estoy soñando prácticamente todos los días.

2008/11/10

Hablando poco

Pasa que, pese a estar conscientes de que debemos comunicarnos los unos a los otros, hablar y hablar como una necesidad natural, al mismo tiempo, y sin necesidad de andar enojado ni triste, practicamos la no-comunicación, el ensimismamiento, etc..., ¡y todo eso al mismo tiempo y en la misma vida!

Vaya, ensimismamiento tiene 3 emes, eso es harto. La ubicaré junto a memorándum, matemáticamente y mamamos.

En particular, me considero una persona solitaria y bastante autosuficiente. Esta última característica no implica necesariamente el no tener que recurrir a terceros para alcanzar una meta o llevar a cabo algo. Me recuerdo que cuando chico, en esa época en que uno es aficionado a usar (compulsivamente) la palabra nunca para referirse a hechos futuros relacionados con uno, decidí, luego de varias semanas de reflexión pseudo-objetiva, que proyectaría mi vida 'en solitario', sin depender de nadie ni relacionarme con nadie, o sea, tal como un ermitaño por la vida. Por tanto, nunca fue de mi interés el buscar aprobación en el grupo de curso --de hecho, fui el anti-popular del curso toda mi niñez y parte de mi adolescencia-- y así crecí, ignorando ese mundillo de sentimientos compartidos y comunicación con el 'exterior'.

Hasta que a cierta edad descubrí que hay 'otros' mundos en todos y cada uno de los seres humanos existentes, todos variados entre sí de una manera exhuberante, pero todos regidos por la misma mecánica (o física, o química, whatever...), y parecidos ellos, en mayor o menor grado, a 'mi' mundillo. Es ahí donde comencé a dejar el nunca atrás, ya que uno va adquiriendo conocimiento en el camino, entre otras fuentes, de la comunicación e intercambio de ideas con el resto; como consecuencia de aquéllo, uno se replantea su 'ruta', y tomando en consideración la información adquirida recientemente, puede cambiar la marcha, acelerar el paso, o incluso desechar el plan original y/o tomar una alternativa anteriormente bloqueada por uno mismo y esos nuncas pueriles.

La vida es dinámica, y a veces no lo parece así; es que hasta su dinámica es dinámica...

Hay que tener reflejos de gato y un buen olfato (entre otras cosas) para caminar con éxito por la vida, aplicando los conocimientos adquiridos por uno y por los demás en la toma de decisiones. Por ende, la comunicación de ideas se ve (hoy por hoy) como una acción beneficiosa de alto nivel tanto para el emisor como para el receptor. Sin embargo, ¿por qué no nos comunicamos, queriendo hacerlo?

¿Somos consecuentes con las cualidades que decimos tener?
(esto ya va para otro tema, mejor vuelvo)

¿Quizás vayamos pasando por fases? Ser mayoritariamente comunicativos, y luego, casi sin darnos cuenta, vamos acortando las frases de un diálogo, y decorando con más puntos que signos de interrogación las conversaciones.

Me dio sueño.

¿Excusa para no seguir hablando?

Nos vemos...

2008/10/07

Post doble: Felicidad, en un meme

En respuesta a la invitación de la señorita Tinta, he redactado la siguiente lista de cosillas que me hacen sentir feliz... ----a ver...¿de qué me hablan, de felicidad? ¿qué es eso?

Bueno, para mí, la felicidad es un estado mental pasajero en donde el ánimo, estado e integridad mental se encuentran en un inusual nivel alto estimulado por factores generalmente circunstanciales, añorados por el espíritu. Así como el cuerpo busca la saciedad en un puesto de comida por medio del dinero, la mente busca su sanidad en la felicidad por medio de la esperanza.

La felicidad dura poquito, y todo ser cuerdo la busca, algunos creen encontrarla, otros conviven con ella a diario pero no se dan cuenta, etc... En fin, al grano:

Según he leído por aquí y por allá, debo contar 6 cosas que me hacen sentir el mencionado estado, y traspasar la invitación de hacer lo mismo a otras 6 personas; debo decir que este meme ha encontrado al chico de al rincón del vecindario, ¡y que los poquitos blogueros que leo ya han hecho este mismo procedimiento!, así que a manera de compensación haré un suplemento con alguna otra cosa... ya verán más abajo :-)

¡Ahi va!:

Seis sucesos que me vuelven happy

1) Comer tranquilito un rico chocolate, mínimo 100 gramos. (la sensación de felicidad es muy corta, pero literalmente 'deliciosa')

2) Caminar bajo la lluvia.

3) Andar con alguna buena melodía en la mente, tomar algún instrumento musical disponible y tocar la melodía sin sabérsela de antemano. (no digo que la toque perfecta, sino poder tocar ciertos pasajes o si no sólo acompañarla... es rico tocar lo que te gusta)

4) Escuchar el ronroneo de un gato mientras lo abrazo.

5) Cortarme el pelo (jajaja, este hecho me sube inexplicablemente el ánimo)

6) Salir en bicicleta, idealmente acompañado, y ojalá a más de 8 kilómetros de recorrido.


Eventualmente, pueden haber más hechos, pero son los que se me ocurrieron en este momento.

Ahora, no tan contento con la confección de aquella lista en los términos planteados, decidí hacerme otra lista, un poco más profunda, para complementar esta especie de radiografía sobre mi persona.

Atención: me voy a poner profundo en un post que no corresponde hacerlo. Si no quieren seguir hurgando en mí, ignoren el resto de esta entrada y sean felices viendo la Wikipedia, Youtube o la sección del foro de su periódico más bochinchero.

Están advertidos.

(...)


Bonus track

Seis generadores de felicidad en mí:
1. Ver a otras personas sentirse auténticamente felices, después de haberlas visto al menos algo mal.

2. Estando solo y sin ningún elemento distractor, escuchar alguna canción o tipo de música que me 'transporte' muy lejos, sacándome de mi lugar físico y llevándome a muchas partes, todo esto con los ojos abiertos. [estas son ocasiones en donde me vuelvo uno con la música...]

3. Tener noticias y/o comunicarme con la gente que no está cerca mío en ningún plano, y que ha marcado o compartido en cierta magnitud en mi vida. Ejemplos: saber de mis pocos amigos que se encuentran en otras regiones de mi país (son cientos de semanas y de kilómetros de aislamiento), o reconocer a alguien del pasado que haya sido conocido mío incluso en la infancia (me jacto de tener muy buena memoria de largo plazo, al punto de reconocer a mis profesores de mi niñez, a varios ex-compañeros con nombre y apellido, y contarles ciertas señas, anécdotas, detalles de la sala de clase, etc... y resaltando que no fui amigo de ninguno de ellos, sólo unas pocas palabras al día en aquel entonces); me pone muy feliz reencontrarlos y que me reconozcan.

4. Usando mi maquinaria corporal y esta talentosa mente, influir positivamente en el mundo alrededor mío, sentirme útil contribuyendo a mejorar en algo la experiencia de vida de las personas que lo quieran, encaminándolas para verlas como en el punto 1. Todo esto, a escala humana.

5. Disfrutar del mundo no corrompido por los humanos (la naturaleza), admirarlo con toda calma, desde esas olas caprichosas e incansables en la orilla de alguna playa, cuyo sonido fusionado con el de las gaviotas y otras aves marinas me hacen viajar como en el punto 2, hasta dejarme sorprender con eventos poco frecuentes como un eclipse, un arcoiris, una rana en mi patio (esto ocurrió hoy) ver calas negras en mi jardín, etc..., viendo que la vida, en el fondo, es más simple que lo que aparenta, y disfrutando de esas cosas simples.

6. Querer y sentirme querido. :-(

FIN

Post doble: Iridium flares

NO, ¡no me morí con Richard Wright!

Es sólo una de estas guerras psicológicas que mantengo con ciertos entes que están condicionando mi futuro al corto y mediano plazo, lo que ha mantenido a este humilde servidor alejado de la escritura bloguera, nadando por lagunas mentales bien pantanosas y espesas, poco provechosas por lo demás.

Me lo he pasado leyendo noticias, (mal)gastando el tiempo en jueguitos del PC, memorizando el concierto de Aranjuez, leyendo la edición de Septiembre de la excelente revista Conozca Más, cicleteando por allí, o sea, relativamente desenfocado, con la mente en ideas superficiales y numerosas, tal como las gotas de aceite en la superficie de una sopa bien revuelta.

Hasta que me acordé de mi afición por los Iridium Flares.

No, no es un grupo de música, es un fenómeno que ocurre en la penumbra entre la noche y el día, y consiste en que alguno de los satélites comunicacionales Iridium refleja por unos momentos la luz del sol, haciéndonos ver un gran destello en la oscuridad del cielo.

Esta suerte de 'encandilamiento' no pasa con frecuencia: yo creo que en promedio se pueden ver uno o dos a la semana, pero creo que, aunque sólo dure unos 3 segundos, es un espectáculo interesante y bonito de presenciar y compartir con conocidos y amigos.

Se me ocurrió una idea 'interactiva': si te interesa ver por tus propios ojos esto, te propongo algo: tú me das el donde, y yo te diré el cuando. Indícame dónde te gustaría ver este destello, debe ser un lugar abierto, ojalá con poca luz artificial, una plaza sin muchos faroles puede ser, o el patio de tu casa también, o la terraza de un edificio o departamento cuya altura sea superior al alumbrado público, etc..., la idea es poder ver un cielo oscurito a eso de las 19:30 horas. Déjame un comentario con las coordenadas del lugar elegido (puedes verlas con el programa Google Earth) y en mi próximo post colocaré cuándo podrás ver uno en ese lugar, te diré la hora, con minutos y segundos, y hacia qué parte del cielo deberás mirar. ¿Te animas?

Estaba aburrido en mi trabajo este sábado por la tarde cuando me acordé de una 'pasada' agendada en mi celular, llamé por radio a un amigo que estaba en otro lado de la tienda para que viniera a una hora en especial a ver algo especial en el cielo, ¡y éste llegó con el jefe del local, y este último preguntando qué cosa íbamos a observar! Pese a lo corto del destello, y entre risitas de aquellos dos por su duración, les gustó.

Lamentablemente para mí, no podré ver más destellos por lo menos en 7 días más, no hay ninguno dentro de este plazo en mi ciudad, pero estaré gustoso de saber que alguien más lo vea.

Me dio sueño, así que, ¡hasta un próximo avistamiento!